Soñaba con aquella voz serena, noche tras noche. Era un sueño recurrente que se repetía sin cesar. Amaba cada palabra dicha por aquella boca que al llegar el día silenciaba y en ese silencio encontraba el desasosiego hasta que llegaba de nuevo la noche.

Y así se sucedían los días y ella envejecía sin poder evitar que su vida se fuera en cada sueño revivido... Nunca lo había visto en persona, pero conocía de él todo lo que ncesitaba saber y en esa locura diaría agonizaba el deseo de recuperar el tiempo perdido.
Tiempo era lo que necesitaba, pero tiempo era de lo único de lo que no disponía.
